El 11 de febrero, Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, suele venir con titulares bonitos. Pero este año hay algo distinto: el Consejo de Ministras y Ministros ha aprobado una declaración institucional que pone el foco donde de verdad duele (y donde de verdad se puede cambiar): en la igualdad de oportunidades como condición para un sistema científico más fuerte, más justo y, sí, también más competitivo.
Y es que la idea es sencilla, casi de sentido común: si dejamos fuera a la mitad del talento, el país avanza con una mano atada.
La brecha STEM en España, con números que no engañan
La declaración reconoce un diagnóstico que se repite una y otra vez: la brecha de género en las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) sigue viva.
Algunos datos que ayudan a ponerlo en perspectiva:
- En 2023, las mujeres eran el 28,6% del alumnado universitario en estudios STEM en España.
- Por ramas, la cosa se estrecha todavía más: 27,1% en ingeniería y apenas 15,9% en TIC.
- En empleo, la desigualdad se agrava: en TIC y ocupaciones científico-tecnológicas más especializadas, la presencia de mujeres ronda una quinta parte del total.
- Y aunque las mujeres representan aproximadamente el 39,6% del personal investigador, su presencia baja de forma clara en los escalones altos de la carrera científica y en puestos de responsabilidad.
Dicho de otro modo: muchas entran, demasiadas se quedan por el camino. Y no suele ser por falta de capacidad.
¿Dónde empieza el “goteo”? Antes de la universidad
Hay un punto que a veces se nos escapa: la brecha no aparece de golpe en la universidad. Se va cocinando antes, casi sin ruido.
En el curso 2023-2024, las alumnas eran el 53,7% del total del alumnado, pero en el Bachillerato de Ciencias su presencia bajaba a 48,4%.
Parece poco. No lo es. Es el tipo de diferencia que, año tras año, termina marcando vocaciones, expectativas y decisiones.
Referentes, educación informal y estereotipos: el “ecosistema” que moldea decisiones
La declaración insiste en tres ideas que, la verdad, son muy prácticas:
- Más referentes femeninos en ciencia y tecnología (y no como anécdota, sino integrados en libros de texto y materiales educativos).
- Mirar más allá del aula: entornos digitales, actividades extraescolares, ocio tecnológico y cultural también educan (y mucho).
- Intervenir pronto y con constancia para romper prejuicios y estereotipos que luego se traducen en brechas en investigación y empleo.
Es como un río: si el cauce está torcido desde arriba, abajo no se endereza solo.
Compromisos y líneas de actuación: del marco internacional al plan estatal
La declaración sitúa la acción pública en varios marcos y estrategias, incluyendo:
- Compromisos de Agenda 2030 y políticas europeas de igualdad de género.
- La Estrategia Española de Ciencia, Tecnología e Innovación 2021-2027 y el Plan Estatal 2024-2027, con el objetivo de aplicar la igualdad en todas las fases de la I+D+i.
- El III Plan Estratégico para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres 2022-2025, reforzando la presencia de mujeres en ámbitos científico-tecnológicos.
La idea de fondo se repite con fuerza: la igualdad no es un “extra”, es un requisito para el progreso científico, económico y democrático.
¿Y esto qué tiene que ver con las empresas y los planes de igualdad?
Mucho más de lo que parece.
Porque la brecha STEM no solo es un tema educativo: impacta en cómo reclutamos, cómo promocionamos, cómo retribuimos y qué tipo de cultura organizativa sostenemos dentro de las empresas.
Si tu organización trabaja con perfiles técnicos (o quiere hacerlo), estas preguntas son casi obligatorias:
- ¿Cómo redactamos ofertas para que no expulsen talento sin querer?
- ¿Qué pasa en los procesos de selección y promoción cuando “lo normal” está sesgado?
- ¿Cómo detectamos techos de cristal en áreas técnicas y mandos intermedios?
- ¿Tenemos medidas reales de conciliación y corresponsabilidad o solo buenas intenciones?
En IGUALDAD – Criteria05 acompañamos a las organizaciones en la elaboración, aprobación e implantación de planes de igualdad, y también en su seguimiento y evaluación.
Una idea para cerrar (y para empezar)
El mensaje del 11 de febrero no debería quedarse en un día del calendario. Lo bonito sería que se convirtiera en rutina: mirar los datos, detectar fugas, poner medidas y sostenerlas.
Porque cuando una niña siente que ese laboratorio “también es su sitio”, cuando una joven no se auto-descarta de una ingeniería, cuando una investigadora llega a liderar un equipo sin pagar peajes invisibles… ahí, justo ahí, el sistema mejora para todos.
Y sí: el talento, cuando se cuida, se multiplica.